Publicado: 14 de Septiembre de 2015

Nos hacen parecer más altos y más elegantes, pero los tacones también pueden convertirse en el peor enemigos de nuestros pies. Un estudio elaborado por la Universidad Rey Juan Carlos en colaboración con la Clínica CEMTRO de Madrid, y que se presentó en el pasado congreso mundial de Podología, ha demostrado que el calzado de altura provoca juanetes, la conocida deformidad crónica en los huesos del pie.

«Hasta ahora se conocía que los zapatos de punta estrecha producían deformidades óseas a largo plazo pero no se tenía constancia de la relación entre la altura de los tacones y la aparición de juanetes”, explica el autor del estudio, el doctor Rubén Sánchez-Gómez, del Servicio de Podología de Clínica CEMTRO.

En la investigación se estudiaron 80 mujeres sin deformidades previas en el pie, y se las midió con y sin zapatos de tacón pero sin puntera estrecha. Se observó que «los dos huesos que se desvían en el juanete, esto es, la falange proximal del hallux y el primer metatarsiano, lo hacían según se aumentaba la altura de los tacones».

Cuando se quitaban el tacón, el dedo volvía a la normalidad. Por tanto, «con este estudio hemos demostrado que usar tacones altos (a partir de 3 centímetros), de manera continua, provocará la pequeña desviación de los huesos y a la larga, de manera acumulativa, se instaurará la deformidad ósea», concluye la investigación, en la que colaboraron los doctores Ricardo Becerro y Marta Elena Losa.

Se estima que casi un 60% de las mujeres mayores de 50 años tiene juanetes, aunque también afecta a mujeres jóvenes. Los juanetes «son causa frecuente de dolor en el pie y provocan alteraciones en la pisada que pueden conllevar otro tipo de problemas secundarios, afectando incluso a la columna lumbar», advierte el doctor Sánchez-Gómez.

Con tacones de 4 centímetros, la parte delantera del pie soporta el 57% del peso corporal, un porcentaje que se eleva al 75% cuando la altura de los mismos se incrementa en 2 centímetros. «Esta variación de porcentajes de carga en detrimento del antepie, también es la causa de las sobrecargas metatarsales y la aparición de hiperqueratosis (durezas) en la zona central, tan dolorosas como incapacitantes en muchos casos», señala el doctor Sánchez-Gómez.

Esa presión tiene consecuencias en la columna, ya que, como demuestra un estudio publicado en la revista «Spine» el pasado mes de septiembre, se adelanta el eje corporal y se aumenta la curvatura lumbar. También perjudica las rodillas y la circulación y está asociado a un mayor riesgo de caídas.

El calzado con punta estrecha es otra causa de aparición de esta deformidad, ya que «disminuye notablemente el espacio para albergar los dedos, y por tanto los hace sufrir», comenta este especialista. A su juicio, «aunque muchas pacientes manifiesten que disponen de espacio desde la punta del pie hasta la puntera, durante el ciclo de la marcha, hay una fase (la de despegue de talón), en la que el pie impacta contra la puntera del zapato en el que está metido, obligando al dedo gordo a desviarse también».

Una vez que la deformidad ósea se ha instaurado en el pie, «las técnicas paliativas son tan sólo de mejora del dolor, pero la desviación ósea y la pérdida de movilidad, son irrecuperables», subraya este experto. Cuando el proceso continúa, «es necesario recurrir al quirófano para el tratamiento de dicha patología, debido a la artrosis y la incapacidad funcional». Por eso, «aunque la cirugía del pie ha mejorado muchísimo, siempre es recomendable no llegar a este punto», remarca.